domingo, 6 de septiembre de 2020

La Ira y la Compasión




 




Un día conversaban la Ira y la Compasión. Se encontraron en el mismo lugar que hace mucho tiempo acordaron como el punto medio de sus dominios. Estaban preocupadas por la situación de lo que hasta entonces había sido el hogar de ambas: la mente de un artista. 

―Mira allá a lo lejos ―señaló la Ira―, todo eso parece ser la idea para una nueva pintura, pero no veo nada definido. Y debo decirte, que a pesar de que soy la que domina la rabia y el desastre, todo eso me causa un enorme temor. 

Los horizontes andaban moribundos, levitaban desorientados, sin una línea continua, firme. Eran pequeños hilos intermitentes que iban confundidos, añorando ser una línea completa. Las montañas se enrollaban y formaban horrendas muecas. Sus antiguas formas se habían convertido en cuerpos amorfos, intentos fallidos de paisajes. La Compasión miró horrorizada cómo el cielo que una vez ella había creado, se tornaba fragmentado y veía que por sus grietas se colaban líquidos oscuros que bajaban y subían a la vez. Una luna casi enferma deliraba en un centro palpitante, se miraba a sí misma muy triste, buscaba en su punto lejano su propia ausencia; todos decían que había enloquecido. Lo que en antaño fue una vegetación viva, hoy son figurillas graciosas, dispersas y volátiles que buscan su permanencia pacífica. Todo el paisaje de ensueño y calma, hoy pulula en absurdas formas que brotan de grietas y esquinas. 

En ese momento escucharon pasos y voces y pudieron divisar a lo lejos a otros personajes que las acompañaban en aquella mente. Pudieron reconocer a algunos y a otros no. Quizá esa era la causa de todo el desastre que presenciaban. Entonces comenzaron a recordar el día en que ambas se encontraron por primera vez. 

En aquel lejano tiempo, la Ira fue la primera en llegar, en los momentos más turbulentos por lo que pasaba el artista, y construyó así su imperio de caos y violencia. Al poco tiempo y de manera sorpresiva apareció la Compasión, irradiando su aura apacible en medio de aquel paisaje trastornado e hiriente. La Compasión miró muy tranquila a su alrededor y entendió de inmediato el reto que significaba la tarea a la que había sido encargada. Entonces ambas se miraron extrañadas y de esta manera comenzaron batallas interminables en aquel lugar de eterna contradicción. Un día se cansaron de sus faenas y pactaron el acuerdo de poseer cada quien una parte de aquella mente confundida. Aprendieron a ordenar las ideas y las imágenes que aparecían; también los sueños y pesadillas, así como las emociones y los impulsos, y almacenaron todo en estanterías y archivos, de modo que toda la información sirviera para las pinturas que el artista se dispusiera a elaborar. De esta manera transcurrieron los años y la Ira y la Compasión convivieron tranquilas bajo los términos que ambas se habían propuesto. La mente del artista fluía tranquila. Los episodios de hundimiento y arrebato eran controlados por la Ira, y los de ternura y armonía por la Compasión. Pero cierto día los límites que se habían fijado en ambos dominios comenzaron a desaparecer, y lo que antes fue un pacífico lugar para las dos, comenzó a ser una amenaza. 

Sin embargo, no se angustiaron por aquellos nuevos tiempos. Se convencieron de que aquel desconocido y pintoresco paisaje era necesario para el artista, y ambas sabían que la inteligencia que poseía éste, le ayudaría a aprovechar las contradicciones que generaban la presencia de esos nuevos inquilinos.

5 comentarios:

  1. Mi querido amigo. No sabes con qué emoción he leído tu relato. Qué forma tan extraordinaria de recrear desde la ficción los sentimientos tan humanos como la ira y la compasión sobre la base del eterno devenir y conflicto de nuestra mente. Me encantó.

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    1. Me alegra mucho que lo hayas disfrutado. Gracias por leer mis relatos.

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  2. Mi querido amigo. No sabes con qué emoción he leído tu relato. Qué forma tan extraordinaria de recrear desde la ficción los sentimientos tan humanos como la ira y la compasión sobre la base del eterno devenir y conflicto de nuestra mente. Me encantó.

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